Escrito por: Dra. Claudia Stapper, médica especialista en cardiología pediátrica.
¿Cómo puedo cuidar el corazón de mi hijo desde pequeño?
La salud cardiovascular de un niño comienza incluso antes de nacer. La alimentación, el sueño y los hábitos familiares pueden marcar la diferencia para toda la vida.
¿Cómo puedo cuidar el corazón de mi hijo?
Podemos cuidar el corazón de nuestros hijos desde antes de su nacimiento. Como madres, tenemos una gran oportunidad de prevenir el riesgo de enfermedad cardiovascular si durante el embarazo mantenemos una nutrición saludable basada en alimentos naturales como carnes frescas, verduras, hortalizas, granos y frutas. Además, es importante hacer actividad física, tener un adecuado control de la ganancia de peso, mantener una buena calidad de sueño y realizar los controles prenatales mensualmente para garantizar el bienestar fetal.
De igual forma, es importante que durante el embarazo todas las madres se sientan queridas, protegidas y respaldadas por sus parejas y/o sus familias; que no estén sometidas a circunstancias estresantes y que sus necesidades psicológicas sean atendidas.
Desde 2008, varios estudios han demostrado la importancia de los primeros 1.000 días en la salud cardiovascular y el desarrollo neurológico de una persona. Esto incluye el periodo de gestación y los primeros dos años de vida. Si durante este periodo el niño está sometido a malnutrición, se incrementa la frecuencia de enfermedades crónicas como obesidad, hipertensión y diabetes en la vida adulta. Igualmente, se han encontrado alteraciones en el neurodesarrollo, como disminución del coeficiente intelectual y alteraciones en el comportamiento.
“Los hábitos que construimos desde el embarazo y durante los primeros años de vida tienen un impacto directo sobre la salud cardiovascular futura de los niños. La prevención comienza mucho antes de que aparezca cualquier enfermedad”, explica la Dra. Claudia Stapper, médica especialista en cardiología pediátrica.
Por tal motivo, es importante que todas las mujeres embarazadas mantengan una dieta saludable, reciban los suplementos nutricionales necesarios, eviten el consumo de bebidas azucaradas, alcohol, cigarrillo y vapeadores, y permanezcan en ambientes afectivamente seguros.
La lactancia materna: una inversión en salud cardiovascular
Al nacer, es importante estimular y mantener la lactancia materna, que no solo es el mejor alimento para el bebé porque se adapta a sus necesidades proteico-calóricas, sino que además le aporta anticuerpos y glóbulos blancos que previenen infecciones respiratorias, diarreas, neumonía y otitis.
En el largo plazo, reduce significativamente el riesgo de padecer obesidad, diabetes tipo 1 y 2, asma, leucemia y enfermedades cardiovasculares en la edad adulta. Además, el acto de succionar promueve un desarrollo adecuado de la mandíbula y los dientes, evitando maloclusiones.
A la madre le ayuda a que el útero recupere su tamaño original más rápido y reduce el riesgo de hemorragia posparto; también disminuye el riesgo de desarrollar cáncer de mama y de ovario, facilita la pérdida del peso ganado durante el embarazo y protege contra la hipertensión y la diabetes tipo 2.
Entre los efectos benéficos de la lactancia en la salud mental de la madre y del niño, es importante resaltar su efecto como regulador biológico del estrés y facilitador del vínculo afectivo. El contacto piel a piel favorece la liberación de oxitocina — conocida como la “hormona del amor” — y refuerza la conexión emocional, promoviendo una sensación de seguridad y calma tanto en la madre como en el bebé.
La lactancia exclusiva también se asocia con un menor riesgo de síntomas depresivos y ansiedad, ya que las hormonas liberadas tienen efectos sedantes y estabilizadores del estado de ánimo. Algunos nutrientes contenidos en la leche materna, como los ácidos grasos de cadena larga, favorecen la maduración cerebral, lo que se traduce en mejores resultados en pruebas de inteligencia y desarrollo psicomotor.
Además, amamantar ayuda a regular los ciclos de sueño-vigilia de la madre y reduce la fatiga acumulada. Por sus múltiples beneficios, es importante continuar estimulando la lactancia materna.
Alimentación y actividad física: hábitos que protegen el corazón
Después de los dos años y hasta la adolescencia, es muy importante priorizar el consumo de alimentos naturales e integrales, y reducir al mínimo el aporte de productos ultraprocesados — como comida chatarra y paquetes — debido a su alto contenido de azúcares añadidos, sodio, colorantes y saborizantes.
Estos productos provocan picos de insulina y aumento de la presión arterial, además de generar lesiones graduales en el endotelio, que es la capa interna de las arterias. Establecer un paladar saludable en esta etapa disminuye el riesgo de hipertensión temprana.
En segundo lugar, se recomienda estimular la actividad física diaria mediante juegos y actividades familiares como caminar, montar bicicleta, bailar o saltar lazo, y realizar al menos una hora diaria de actividad física moderada a intensa.
Esto fortalece el sistema músculo-esquelético, el miocardio — músculo cardíaco — y activa el metabolismo, reduciendo el riesgo de sobrepeso. Además, ayuda a mantener niveles adecuados de colesterol HDL (“bueno”) y previene la acumulación de grasa visceral, considerada la más inflamatoria para el corazón.
Dormir bien también protege la salud cardiovascular
Como última recomendación para cuidar el corazón de nuestros niños y adolescentes, se sugiere practicar una adecuada higiene del sueño.
Es importante reducir al máximo el uso de dispositivos electrónicos como tabletas, celulares, computadores o videojuegos, especialmente en horas de la noche, puesto que disminuyen la secreción de melatonina, conocida como la hormona del sueño.
Ofrecer un ambiente suficientemente oscuro y tranquilo facilita el descanso nocturno. Asegurar entre 9 y 12 horas de sueño para niños menores de 12 años, y entre 8 y 10 horas para adolescentes, traerá enormes beneficios para su salud integral.
Referencias bibliográficas
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