Escrito por: Dra. Daniela Natalia Polo Rivas, pediatra, gastroenteróloga y hepatóloga pediátrica de LaCardio.
¿Cómo saber si mi hijo podría tener hepatitis?
Un niño con fiebre, vómito, cansancio o poco apetito no siempre tiene una infección común. Aunque estos síntomas suelen asociarse con enfermedades frecuentes de la infancia, también pueden ser la primera manifestación de una hepatitis, una inflamación del hígado que requiere una valoración médica para identificar su causa y definir el tratamiento más adecuado.
La buena noticia es que la mayoría de los niños con hepatitis evoluciona favorablemente cuando recibe un diagnóstico oportuno. Por eso, conocer sus síntomas, entender por qué se produce y reconocer los signos de alarma permite actuar a tiempo y proteger la salud del hígado.
¿Qué es la hepatitis?
La hepatitis es la inflamación del hígado, uno de los órganos más importantes del cuerpo. Aunque suele pasar desapercibido, el hígado cumple funciones esenciales para el crecimiento y el bienestar de los niños: transforma los alimentos en energía, almacena nutrientes, produce proteínas necesarias para la coagulación de la sangre, ayuda a combatir infecciones y elimina toxinas y sustancias que el organismo ya no necesita.
Cuando el hígado se inflama, estas funciones pueden alterarse. Como consecuencia, pueden aparecer síntomas leves que desaparecen en pocos días o, en algunos casos, manifestaciones que requieren una atención médica especializada para evitar complicaciones.
Así lo explica la Dra. Daniela Natalia Polo Rivas, pediatra, gastroenteróloga y hepatóloga pediátrica de LaCardio “La hepatitis no es una enfermedad única, sino la inflamación del hígado causada por diferentes factores. Aunque muchos niños presentan una evolución favorable, identificar la causa es fundamental, porque de ello depende el tratamiento y el seguimiento que necesita cada paciente.”
¿Cuáles son las causas más frecuentes?
Contrario a lo que muchas personas creen, la hepatitis no siempre es causada por un virus. Existen diferentes enfermedades y condiciones que pueden producir inflamación del hígado, por lo que identificar su origen es uno de los primeros objetivos durante la valoración médica.
Entre las causas más frecuentes se encuentran:
- Infecciones por virus. Los virus de la hepatitis A, B, C, D y E son los más conocidos. Sin embargo, otros virus frecuentes en la infancia, como el virus de Epstein-Barr, el citomegalovirus o el adenovirus, también pueden afectar el hígado durante el curso de una infección.
- Medicamentos o suplementos. Algunos medicamentos y productos naturales pueden ocasionar inflamación hepática, especialmente cuando se utilizan sin supervisión médica o en dosis inadecuadas.
- Hepatitis autoinmune. Ocurre cuando el sistema inmunológico, encargado de defender al organismo, ataca por error las células del hígado y produce una inflamación persistentemente.
- Enfermedades metabólicas o genéticas. Aunque son menos frecuentes, pueden manifestarse desde los primeros meses o años de vida y requieren un diagnóstico especializado.
- Hepatitis de causa no identificada. En algunos niños, incluso después de realizar estudios completos, no es posible determinar el origen de la enfermedad. En estos casos, el seguimiento por especialistas permite orientar el diagnóstico y definir si son necesarios estudios adicionales, como una biopsia hepática.
¿Qué síntomas pueden aparecer?
Los síntomas de la hepatitis son muy variables y dependen tanto de la causa como del grado de inflamación del hígado. Mientras algunos niños presentan molestias leves, otros desarrollan manifestaciones más evidentes que requieren atención médica.
Los síntomas iniciales más frecuentes son:
- Cansancio o decaimiento.
- Somnolencia.
- Pérdida del apetito.
- Náuseas o vómitos.
- Dolor en la parte superior derecha del abdomen.
- Fiebre.
A medida que la inflamación progresa, pueden aparecer signos más característicos de compromiso hepático, como:
- Ictericia, que corresponde a la coloración amarilla de la piel y la parte blanca de los ojos.
- Orina oscura, similar al color del té o de una bebida cola.
- Heces claras o blanquecinas, debido a cambios en la eliminación de la bilis.
Un dato importante para los padres
La presencia de ictericia no siempre es el primer signo de hepatitis. De hecho, algunos niños nunca llegan a desarrollar esa coloración amarilla y únicamente presentan cansancio, pérdida del apetito o vómitos. Por eso, si estos síntomas persisten o se acompañan de un deterioro del estado general, es importante consultar al pediatra.
¿Cuáles son los principales signos de alarma?
Aunque la mayoría de los casos evoluciona favorablemente, existen síntomas que indican la necesidad de buscar atención médica inmediata.
Consulte de inmediato si el niño presenta:
- Cambios en su estado de conciencia, como somnolencia excesiva, dificultad para despertarlo, confusión, desorientación o un comportamiento diferente al habitual.
- Sangrados inusuales, incluyendo sangrado por la nariz o las encías, aparición de moretones sin causa aparente, puntos rojos en la piel o vómito con sangre.
- Vómitos persistentes, especialmente cuando impiden mantener una adecuada hidratación.
- Dolor abdominal intenso o aumento importante del tamaño del abdomen.
- Ictericia acompañada de deterioro del estado general, fiebre persistente o decaimiento marcado.
¿Cómo ayudamos en la Fundación Cardioinfantil – LaCardio?
El diagnóstico de la hepatitis infantil va más allá de confirmar la inflamación del hígado. También es necesario identificar qué la está causando, evaluar el funcionamiento del órgano y determinar si existe riesgo de complicaciones.
En la Fundación Cardioinfantil – LaCardio, contamos con un equipo especializado en gastroenterología y hepatología pediátrica que trabaja de forma articulada con otras especialidades para ofrecer una atención integral, basada en la evidencia científica y centrada en las necesidades de cada paciente y su familia.
Nuestro abordaje incluye:
- Valoración especializada y oportuna, mediante examen físico y pruebas que permiten conocer el estado del hígado.
- Estudios diagnósticos dirigidos para identificar la causa de la hepatitis y orientar el tratamiento.
- Seguimiento clínico permanente, con el fin de vigilar la evolución del paciente y detectar posibles complicaciones.
- Atención multidisciplinaria de alta complejidad, cuando el caso requiere el apoyo de especialistas en infectología, nutrición, cirugía pediátrica, radiología o cuidado intensivo.
Sabemos que recibir un diagnóstico relacionado con una enfermedad del hígado puede generar preocupación en toda la familia. Por eso, nuestro compromiso es acompañarlos durante todo el proceso, resolver sus dudas y ofrecer un tratamiento individualizado que contribuya a la recuperación y bienestar de cada niño.
Un diagnóstico oportuno puede cambiar el pronóstico
La mayoría de los niños con hepatitis se recupera satisfactoriamente. Sin embargo, consultar de manera temprana cuando aparecen síntomas persistentes o signos de alarma permite identificar la causa de la enfermedad e iniciar el tratamiento más adecuado.
Si tienes dudas sobre la salud de tu hijo o notas cambios que te preocupen, no esperes a que los síntomas empeoren. Una valoración médica oportuna es el primer paso para cuidar su hígado y prevenir complicaciones.






